lunes, julio 03, 2006

Ruidos en la casa.

Yo podría vanagloriarme y decir que nunca se han metido en mi casa a robar, pero contar una historia acerca de ello sería tan aburrido como contar como fue mi primera vez. Lo cierto es que desde que me quede huérfano de perros, la vida en casa es otra... aunque Zashe no fue muy buena guardiana la última vez.

Cuando vivía en Barranco tenía tres perros. Geiko, era mi perro dragón, nació un mismo día que yo y yo lo odiaba a más no poder. Era un doberman bien manso y juguetón, recuerdo que cuando llegaba del colegio se me lanzaba con sus enormes patas y me derribaba al suelo. Tuve que sacrificarlo hace tres años por que el pobre ya no jalaba y fue al único al que lloré. Bayo era la más chiquita de todas, una mala imitación de salchicha que murió a causa del calor hace dos años. Era mi engreída pero a raíz de mi creciente vida social (ese es un buen chiste) la deje de ver hasta el día que nos dejó. Y bueno, de Zashe ya les conté.

El asunto es que cuando llegue a vivir a donde me encuentro ahora, mi casa se volvió famosa por que era la única de la cuadra que se había salvado de los amigos de lo ajeno. Nadie siquiera se asomaba por la casa por el temor que le tenían a un doberman y mi perro aprendió a nunca probar nada de la calle, no como Zashe que murió a causa de un maldito bocado. Por si no lo dije, el bocado lo puse yo para contrarrestar la invasión de ratas que empezamos a sufrir en casa, pero lamentablemente Zashe se convirtió en una víctima de las circunstancias.


En año nuevo, sufrimos el primer, y espero, último robo en la casa de mi vieja. Yo llegaba campante a las 12:30am de la casa de mi flaca cuando llego a casa y veo la puerta abierta, vi un tico que se acercaba con alguien y en la puerta estaba el triciclo de mi sobrino. Me pareció extraño, así que al entrar a casa y cerrar la puerta, entre por la cocina para ver que no estaba el balón de gas. Pensé que mi vieja se lo presto a la inquilina del tercer piso, a veces lo hace, y se lo dije. Al decirme ella que no fue así, bajamos a la cocina a ver que había pasado. La licuadora, una tostadora y tal vez algunas cosas más ya no estaban. Se habían metido a robar tan silenciosamente que ni siquiera mi inquilino del primer piso, mi pata Martín, se había despertado. Fuimos a la comisaría a sentar una denuncia aunque por gusto pues esas cosas no funcionan.

A partir de ahora cerramos todas las puertas de la casa, es decir la puerta del patio que lleva a la cocina, por la que siempre entrábamos, permanece ahora cerrada, y entramos por la puerta de la sala. La paranoia no nos deja por si algo así vuelve a suceder. Después nos enteramos que se habían metido por la casa del vecino y bueno, eso fue el principio.

Ahora que salgo al patio a fumarme un cigarrito, escucho ruidos en la cocina y sala. Ya bajé a verificar que todo este en orden. Podrían ser nuevamente ratas, pero ya no están. De todas maneras me quedo intranquilo pensando que pudieran meterse en casa nuevamente. Una vez, en casa de mi tía se metieron con pistola y todo y sometieron a mis primos que se encontraban solos. Por lo que me dijo mi primo, los tipos fueron muy buenos (¿?) con ellos, es decir, a cada momento les dijeron que se tranquilizaran y que nadie saldría lastimado. No sé si asustarme por que eso suceda alguna vez o por que eso NO suceda nunca si alguien se metiera en casa de mi vieja.

Caramba... aun sigo escuchando esos ruidos. Iré a ver que sucede.

1 Comments:

Blogger Ursula said...

Hay que tener cuidado...a la casa de mis papás también se metieron en año nuevo del 2004 y practicamente les vaciaron la casa los muy malditos...Ojalá nunca me pase a mi, que indignacion saber que se llevan las cosas que has logrado tener con tanto esfuerzo, grrrrrrr...

9:14 p. m.  

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